Del Aggiornamento a Gaudete et exsultate

“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, ahí donde cada uno se encuentra” Gaudete et exsultate cap. I, prr.14

Estas palabras las encontramos en las primeras páginas de la más reciente Exhortación Apostólica del Papa Francisco y para los católicos no es una novedad saber que el único camino hacia la santidad es vivir el amor traducido en obras que van conformando el quehacer cotidiano, antiguamente se creía que solo viviendo un estilo de vida casi beatifico y puramente contemplativo se podía alcanzar un estado de santidad, que las privaciones voluntarias y la pobreza extrema serían las únicas normas de vida que nos podrían hacer acceder a tan noble estatus, sin embargo; ¿Quiénes pueden darse el lujo hoy en día de vivir solos inmersos en una contemplación estática y desconectada de la realidad? ¿Quién puede secuestrarse así mismo aislándose de todo y de todos? ni siquiera las personas que han abrazado la vida monacal pueden aislarse de la realidad, sino todo lo contrario, la santidad implica “Vivir en el mundo sin ser del mundo” Somos de Dios y bajo su mirada amorosa nos movemos y somos, pero Él nos ha puesto en un “jardín” cuya característica fundamental es la diversidad de situaciones y elementos culturales y sociales que lo comprenden.

La santidad no es un estilo de vida carente de visión, sino todo lo contrario, es una forma de ver el mundo de una manera integral, solo en la observación objetiva y libre de todo prejuicio de nuestra realidad podremos encontrar a Cristo que camina a nuestro lado en las calles, en el transporte público, es nuestro compañero de trabajo, nos acompaña en nuestros estudios, Él es la piedra angular sobre la que se edificaron nuestras familias, es nuestra luz en medio de la violencia que se respira en el ambiente, es el que sostiene a esta iglesia que titubea, cae y siempre se levanta para seguir caminando del brazo de su Divino Esposo.

Ante la constante amenaza de tener una vida sin sentido, urge rescatar el “aggiornamiento” del que hablaba el Papa Bueno San Juan XXIII, ¡Abrir las ventanas para que entren aires nuevos! Ciertamente esos aires nos dan miedo y nos confrontan porque provienen de la realidad, pero a fin de cuentas son estos vientos los que el Consolador mueve y agita, son estos aires nuevos los que oxigenan la vida cotidiana donde la vocación a la santidad va creciendo y dando frutos, son muy numerosas las veces que la Palabra de Dios nos exhorta a no tener miedo; y es que “solo el amor disipa el temor” y la prueba la encontramos en el testimonio de vida. Urgen misioneros que abran las ventanas del templo, urgen hombres y mujeres resueltos a dejarse seducir por la mirada de Cristo y ser consciente de la urgencia de una renovación, en primer lugar de nosotros mismos y en segundo lugar de nuestra Iglesia ante una realidad que no debe ser enjuiciada o condenada sino más bien atendida y entendida en su dinámica que consiste en que se renueva día y noche con una rapidez indescriptible,

Daniel Morquecho Pérez
3ro de Configuración (Teología)

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