Camino a la Santidad

Este 14 de Octubre próximo la Iglesia celebrará la canonización de dos grandes obispos y pastores, el primero Papa y el segundo mártir; hablamos de S.S. Pablo VI y de Monseñor Óscar Romero, Arzobispo de San Salvador. Y sin duda, que la Iglesia nos los proponga como modelo de santidad, como ejemplo de lo que es el discípulo misionero de Jesucristo, es en nuestro tiempo un signo providencial, una llamada de Dios a volver a su corazón y a buscarlo…buscarlo hasta encontrarlo y nada mejor que hacerlo que en el servicio a los demás, en la respuesta al llamado universal a la santidad. ¡Conozcamos un poco de estos dos grandes obispos!

El Papa Pablo VI, cuyo nombre de pila era Giovanni Battista Montini, fue un hombre que desde el ejercicio de su ministerio sacerdotal como presbítero y obispo se caracterizó por una profunda piedad hacía Dios puesta en ejercicio en el servicio a los demás; celebre por llevar a término el Concilio Vaticano II que había convocado su predecesor Juan XXIII. Su pontificado se caracterizó esencialmente por poner en marcha los frutos de este mismo Concilio, entre ellos: una mejor comprensión de la Iglesia católica, es decir, una definición más completa de su naturaleza, del papel del obispo y del laicado; y el famoso Aggiornamento.

Monseñor Óscar Romero por su parte fue un hombre igualmente piadoso y profundamente intelectual; hasta cierto punto podríamos decir que su ministerio lo había ejercido más en la biblioteca y la catedra que en medio de su pueblo; inmerso en una Republica de San Salvador enfrentándose a las injusticias sociales llegó su nombramiento como Arzobispo que alentó a unos por su silenciosa y discreta figura, pero que confronto a otros por la misma razón; sin embargo, el encuentro con la realidad de su pueblo lo llevo a ser un profeta de nuestro tiempo que denuncia las calamidades contra los más necesitados, fue ese encuentro lo que lo llevo a proteger y defender a la porción de la Iglesia que le correspondía pastorear, lo que lo llevo a ser un mártir, asesinado por los que le consideraban una voz de los que no tienen voz.

S.S. Pablo VI tuvo en su juventud como alumno, en Roma, a un todavía más joven Óscar Romero; fue este mismo pontífice quien lo nombro Obispo y quien seguramente, a pesar de la timidez de Romero, le enseño a ser un pastor cercano a su grey fiel a Jesucristo incluso hasta derramar la sangre. Curioso que la misericordia de Dios nos traiga en medio de un mundo tan lastimado, en medio de un cambio de época a estos dos santos que dieron todas sus fuerzas por hacer presente al Señor, ambos misioneros, en salida al encuentro con el que necesita del refugio de las llagas de Cristo.

Ambos obispos que incansablemente proclamaron la presencia de Dios en el mundo, hoy, son signo de que Dios nos sigue exhortando a ser santos en nuestra realidad y estado de vida, son signo de la llamada a entrar en dialogo con todos, a ser discípulos y apóstoles. Sin duda su testimonio de vida nos hará sensibles para encontrarnos con el Señor que peregrina y se manifiesta en medio de nosotros en aquellos más vulnerables.

VERA ARGUETA, Eduardo

Seminarista de Tercero de Filosofía
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