“Una iglesia en salida, unidades pastorales en formación”

Hace tan solo 59 años el Papa Juan XXIII, ahora santo, resumía todo el Concilio que quería poner en marcha en una peculiar frase que es bien sabida por todos, aunque no sepamos con absoluta certeza el momento en el que la pronuncio: «Abramos las ventanas de la Iglesia»; y efectivamente, por la ventana no solo entró el aíre, sino que, el Espíritu Santo suscitó en aquel momento histórico un Aggiornamento, es decir, una actualización acerca de cómo la Iglesia se hacía presente en el mundo del siglo XX.

El Papa Pablo VI, quien será canonizado en el próximo octubre y quien fue el continuador del Concilio Vaticano II, dio a la Iglesia toda su vida por hacer presente a Jesucristo en las realidades del mundo. Incluso hoy en día nos hace reflexionar en torno a la familia como «Iglesia Doméstica» y cómo, ésta, es a su vez misionera; evidentemente por su constitución el hogar es un signo concreto de la comunidad discipular y también del mandato apostólico a la misión.

Con una Iglesia joven, con esas ganas de ponerse al día y con la conciencia de ser discípulos misioneros con una vocación universal a la santidad, resuenan como fuego abrazador las palabras del Documento de Aparecida y de Puebla que nos recuerdan la importancia de asumir nuestro llamado: Son “hombres de la Iglesia en el corazón del mundo, y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia”.

¿Y por qué es importante esta introducción? ¡Sencillo! Porque justamente sigue siendo el Concilio el que trata de centrar nuestra mirada en Jesucristo para Estar con Él (Mc. 3,14b); es aquí, en este tiempo, en donde la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Gaudete et Exsultate, vuelve a sacudirnos sobre la importancia del llamado a la Santidad en el mundo, dejando de lado los pensamientos llanos «Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales» Gaudete et Exultate, 14.

Nuestra Iglesia Arquidiocesana que peregrina en la Ciudad de México también ha buscado atender al llamado universal a la Santidad, ha luchado por ser sal y levadura de la tierra; y la llegada del Cardenal Aguiar Retes también ha hecho que “Abramos las ventanas”, la primera suave brisa ya ha impulsado a nuestro Seminario a tocar de una nueva manera las realidades de las comunidades con los seminaristas de teología viviendo entre el pueblo que un día pastorearán; ya ha soplado para crear unidades pastorales y seguramente seguirá soplando para hacer de cada uno de nosotros, santos de nuestro tiempo y santos de nuestra realidad; humildes trabajadores de la viña del Señor.

VERA ARGUETA, Eduardo

Seminarista de Tercero de Filosofía
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