¡Qué grande es el Señor!

Este año, el Centro de Orientación Vocacional tuvo una experiencia de misión en el municipio Vicente Guerrero, Puebla. Fue una experiencia que marcó la vocación de los candidatos para entrar al Seminario Conciliar de México, así como la vocación de los seminaristas que, con cariño y alegría, se hicieron cargo de las diferentes comunidades que le fueron encomendadas a la Promoción Vocacional.

La experiencia de misión siempre deja enormes gozos y gratificaciones, entre éstas, me atrevo a compartir con ustedes algunos de los preciosos regalos que nos llevamos como Seminario y que, a pesar de que íbamos con toda la intención de dar mucho y entregarnos con todo el corazón a esta experiencia, Dios nos demostró, una vez más, que las palabras del salmista son ciertas: Que maravilloso y agradable es cuando los hermanos conviven en armonía (Sal 133, 1), pues haber podido conocer y profundizar en la vida de tanta gente sencilla, enamorada y necesitada de Dios, nos permite reconocer que únicamente en Él debe estar nuestra fuerza, nuestra esperanza y nuestra vida.

La primera sorpresa que nos tenían preparada (nosotros ingenuamente creíamos que seríamos quienes les darían sorpresas a ellos), fue una cálida y atenta recepción. En las diferentes comunidades nos prepararon collares con rosas como signo de hospitalidad y aceptación en la comunidad. Llegamos después del mediodía por lo que se organizaron y nos invitaron a comer. La gente dejó sus trabajos, sus casas y seguramente muchas otras actividades importantes por recibirnos de la mejor manera posible.

La segunda sorpresa, que nuevamente nos hacía sentir el cariño de la gente, fue la acogida en sus casas y la repartición de los alimentos con diferentes familias. Fue una experiencia muy bonita poder estar dentro de sus casas, conviviendo junto al fogón para tomar calor ante las bajas temperaturas, o el comal donde preparaban las tortillas a mano, sin máscaras, sin mayor elogio que la alegría de poder estar con ellos compartiendo lo que Dios les daba como fruto de su trabajo.

Como responsable del COV, tuve la oportunidad de visitar algunas de las comunidades en las que los miembros del equipo se encontraban, y aunque apenas llevábamos ahí unos días, junto con el impulso de catequistas, mayordomos y la misma comunidad parroquial, los diversos equipos lograron compartir la alegría del mensaje cristiano y la profundidad que tiene para la vida de todos nosotros vivir la Semana Santa en compañía de Jesús y María. La comunidad me pedía que les dejará a los muchachos en las parroquias unos días más, pues estaban conmocionados por la alegría y la paz que se vivía en aquellos días en que, Cristo, en persona de todos estos misioneros, estuvo caminando y haciéndose presente en sus familias y parroquias.

Aprendimos mucho sobre hospitalidad, cariño, desprendimiento, entrega y sacrificio, pero sobre todo aprendimos que la Iglesia de Cristo siempre será nuestra casa, pues independientemente de las costumbres y tradiciones de cada pueblo, el que nos enseña a caminar y convivir como hermanos es Jesucristo. 

Pbro. Rubén Alanís Baltazar
Promotor Vocacional SCM

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