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La vocación, el regalo más maravilloso de Dios

Mi nombre es Darlyn Barbosa Arévalo, me encuentro en el curso Introductorio del Seminario Conciliar de México, tengo 23 años de edad, nací en la ciudad de Ocaña Norte de Santander- Colombia, y en esta ocasión les hablaré un poco de mi camino vocacional.

Soy hijo de Álvaro Barbosa Cañizares y Nubia María Arévalo Peñaranda y tengo una hermana menor Gisell Esthefany Rubiano Arévalo. Primero que todo, tengo que decir que no nací en un hogar muy religioso, a decir verdad y empiezo por este punto porque considero que el Señor tocó a la puerta de mi vida a muy temprana edad, sin embargo mi abuela  era profundamente católica, una mujer consagrada al Señor y con un gran amor a la Iglesia que fue quien de diversas maneras me acercó a las cosas de Dios. Esta cercanía con la Iglesia comenzó por gracia de Dios en la liturgia, un día vi a un sacerdote en la capilla más querida de mi ciudad y su forma de celebrar, su entrega al ministerio, su cercanía a los fieles y muchas otras características que tuve la oportunidad de conocer cuando fue mi maestro en el colegio me cautivaron, me hicieron amar a Dios de un modo singular y dejó en mi corazón una inquietud de estar con él y de algún día poderle servir más cercanamente.

La manera más cercana, para mí, de ir cultivando la vocación fue a través de los monaguillos de mi parroquia, grupo al cual pertenecí durante siete años antes de comenzar mi formación de Seminario, con la Orden los Siervos de María, con los cuales tuve la oportunidad de formarme durante cinco años en los hice las etapas iniciales de prenoviciado junto con la Filosofía en el seminario nacional Cristo Sacerdote, posteriormente ingresar al noviciado que por pertenecer a la provincia Mexicana de la orden me correspondía en la ciudad de Aguascalientes, donde después de un discernimiento y de las orientaciones de mi entonces director espiritual deje la orden para optar por la vida diocesana con la cual estuve antes cercano y la cual ahora se me presentaba como una posibilidad para continuar mi proceso formativo, motivado por algunos sacerdotes de la arquidiócesis primada de México, entre ellos quien fuera mi promotor vocacional el padre Miguel Ángel Sánchez Cruz.

En mi camino han sido muchas las experiencias, personas y momentos que han quedado grabados en mi mente y mi corazón lo cual lo considero un verdadero tesoro que ha dejado una huella imborrable en mi historia de vida. Soy consciente de que no todo ha sido como se dice coloquialmente “color de rosa” pues también han estado presente momentos difíciles a los que he tenido que enfrentarme y afrontar con una madurez que he ido construyendo paulatinamente con la ayuda de Dios y los medios de los que Él se ha valido para ayudarme a crecer en la que yo llamo la escuela del maestro.

La vocación sacerdotal ha sido para mí lo más maravilloso que Dios me ha podido regalar, un don inmerecido al que he tratado de dar una respuesta generosa, soy un convencido de que Dios no elige a los más capacitados para sus misiones, pero también de que Él en su infinita bondad y misericordia nos llama y camina con nosotros en un proyecto único de salvación que con toda seguridad conduce a la felicidad.

BARBOSA ARÉVALO, Darlyn
Seminarista de Curso Introductorio

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