“No tengas miedo”, la frase que cambió mi vida

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“Si me quedo en la Universidad, será la oportunidad perfecta para olvidarme del sacerdocio”.

Todo ocurrió el martes 16 de febrero del año 2016 en el Estadio Morelos, fecha de la visita del Papa Francisco a Morelia. Había concluido el encuentro de una manera espectacular; todos estábamos felices, con el corazón lleno de alegría y de esperanza porque pudimos compartir gritos, cantos y lágrimas con el Vicario de Cristo. Recuerdo que el Papa insistía en que los jóvenes somos la esperanza de México, que Cristo confía en nosotros y que lucháramos por nuestros sueños. Esas palabras resonaron profundamente en mi corazón, inquieto por descubrir lo que Dios me pedía.

Años atrás, a la edad de 12 años, empecé mi proceso vocacional en el Seminario Menor de los Legionarios de Cristo. Fueron años en los que la voz de Dios empezaba a llamarme; pude descubrir que Dios estaba presente allí, en las pequeñas cosas, desde levantarme temprano, hasta las clases de latín. Empecé el bachillerato y tuve las dificultades de cualquier chico de mi edad: la escuela, las chicas, querer ir a fiestas, etc.; en ese período aprendí que el Señor no se equivoca, que nos comprende y que nos espera con paciencia. Concluí esa etapa y fui promovido al noviciado. Por distintas razones se me pidió salir de la congregación. Fue uno de los momentos más duros de mi vida. Parecía que todas mis ilusiones de seguir a Jesús, el llamado que había sentido, las experiencias con Él eran sueños de un niño que no sabe lo que quiere. Mi mundo se vino abajo.

Durante el tiempo que estuve fuera del seminario sentí que Jesús me había traicionado, que me había engañado, por lo que quise experimentar de todo, conocer nuevas realidades y olvidarme por completo de la posibilidad del sacerdocio ministerial como camino de vida. Presenté mi examen de admisión para la UNAM, quería estudiar la carrera de Relaciones Internacionales, y pensé: “Si me quedo en la Universidad, será la oportunidad perfecta para olvidarme del sacerdocio”. Sin embargo, las cosas no salieron como yo esperaba; la voz del Señor seguía siendo tan clara como antes, y todo lo que intentaba hacer para olvidarme de Jesús y de su llamado me salía mal.

Fue entonces que mi familia consiguió boletos para la Misa con Su Santidad en Ecatepec, y Diego, mi hermano menor, consiguió para el Encuentro del Papa Francisco con los jóvenes en Morelia. Llegamos a Morelia agotados por la travesía en Ecatepec, puedo decir que valió la pena. Después de escuchar las palabras del Papa, sentía que mi corazón no necesitaba más; pero el Señor me tenía guardada otra sorpresa. Estaba con los brazos cruzados, viendo el cielo y a la multitud, en eso, se me acercó un muchacho completamente desconocido y me regaló una pequeña pulsera, que conservo hasta el día de hoy. Ésta decía: “El Señor te llama, no tengas miedo”.

Soy Emmanuel Aguilar Zavala, tengo veinte años y, gracias a Dios, soy seminarista. Y puedo decir que Dios nunca abandona y que ama con locura. Rezo por ti. ¡Que Dios te bendiga!

Fuente: Siame

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