“El Señor me llamó por la tarde”

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“Dios llama a unos por la mañana, a otros por la tarde, y a otros por la noche; a ti te ha llamado en este momento, y está en ti responderle”.

La vocación sacerdotal es iniciativa del Señor. “No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes” (Jn 15, 16).

Soy Ricardo Magaña Medina, de Puruándiro, Michoacán, tengo 31 años, estudié Derecho y trabajé en el Registro Civil de Morelia. Actualmente estudio en el Seminario Conciliar de México, estoy feliz por el llamado de Jesús a ser pescador de hombres, don a la vocación sacerdotal para ir y dar fruto. Te compartiré mi llamado.

Cristo salió a mi encuentro cuando me confesé; el sacerdote me preguntó ‘¿qué haces?’, y yo respondí, estoy estudiando Derecho. Me expresó: sí al terminar no eres feliz, te recibimos en el seminario. No le di importancia, pero ahora comprendo que Dios, en ese momento, sembró la semilla en mi corazón.

Trabajando en el Registro Civil, año 2011, Cristo salió por segunda vez a mi encuentro. Al orar ante el Santísimo le pedí que me concediera regresar a la Ciudad de México, que encontrara un trabajo y conociera a la mujer de mi vida, pero esos no eran los planes de Dios, pues Cristo me dijo: ‘ven y sígueme, que te haré pescador de hombres’.

Sin embargo, el Señor me concedió la gracia de regresar a la CDMX; ahora sólo faltaba encontrar un trabajo y conocer a la mujer ideal, pero no fue así. Asistiendo a Misa en la Parroquia de Cristo Rey (Tacubaya), conocí al P. Pedro Lascurain, quien fue el instrumento por el cual Cristo me mostró el amor al sacerdocio; en el padre Pedro percibí pequeñas luces sobre lo que el Señor me estaba pidiendo: ser su discípulo y formarme de acuerdo a sus enseñanzas, para después servir con amor y santidad en su Iglesia como sacerdote.

Pero pensé, tengo 27 años, soy muy grande para ingresar al Seminario y cumplir con la voluntad de Dios. Además, no tengo las cualidades ni la capacidad intelectual para ser sacerdote. El 24 de octubre del 2013, al concluir la Misa y después de haber orado ante el Santísimo, tomé valor para platicar con el padre Pedro; después de decirle lo que estaba sintiendo, sus palabras fueron: “Dios llama a unos por la mañana, a otros por la tarde, y a otros por la noche; a ti te ha llamado en este momento, y está en ti responderle”.

Mi corazón comenzó a latir más rápido, entendí que Cristo me llamaba para ser sacerdote para siempre. Alguien intercedió por mí, creo que fue la Santísima Virgen de Guadalupe, de quien soy devoto.

Actualmente estoy en el seminario porque Cristo me llamó, y yo quiero ser pescador de hombres, obrero de su viña, sembrador de su heredad e instrumento de su gloria. Solo me resta decirte: me encomiendo a tus oraciones para que Dios Padre me conceda la gracia de poder vivir en santidad, ser fiel al llamado de Jesús, que el Espíritu Santo me configure con Cristo, y como la Santísima Virgen, expresar: ‘¡Señor, aquí estoy para ser tu voluntad!’

Fuente: Siame

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