Nunca es tarde para responder al Señor

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Mi nombre es Daniel, tengo 39 años y en este ciclo escolar concluí el segundo año de Filosofía en el Seminario Conciliar de México.

Con gusto les comparto mi historia vocacional, la cual inicia con mi preparación para recibir el sacramento de la Eucaristía. Desde entonces, participé en diferentes grupos parroquiales, siendo la catequesis, los grupos juveniles y especialmente los coros los que fueron más significativos en mi formación pastoral. Y yo… ni por enterado de lo que el Señor quería de mí.

Decidí ser químico farmacobiólogo e ingresé a la Facultad de Química de la UNAM; debido al tiempo que me demandaba esta carrera me retiré de la catequesis y me dediqué por completo a participar en el coro. Nunca ejercí mi carrera como tal, pero aproveché todos los conocimientos adquiridos trabajando en la docencia.

Mi primer trabajo como profesor fue en un colegio de inspiración católica, en él impartí clases de matemáticas, física y química; conocí la vida del fundador de la Institución Teresiana, San Pedro Poveda, un sacerdote dedicado a la educación. La eucaristía se celebraba en una capilla pequeña y todos nos sentábamos alrededor del altar, esto me recordaba a las primeras comunidades - es aquí cuando oigo el llamado del Señor, pero le dije espérame, aún tengo cosas que hacer –.

Años más tarde, en el mismo colegio, una de las maestras que impartía la clase de filosofía en preparatoria, al saber que yo quería ser sacerdote, me presentó con una orden religiosa para comenzar mi proceso vocacional, pero en el colegio me ofrecieron la dirección y nuevamente le dije al Señor – espera, ahora tengo más cosas que hacer –. Durante estos años no dejé de participar en las actividades parroquiales, me involucraba más y más con los coros y su formación, por eso tomé un curso de liturgia en la Universidad Pontificia y participé, en la VI Vicaría, en un taller de formación para grupos musicales y de animación litúrgica;  aunque me estaba desarrollando profesionalmente, no me sentía pleno, algo me faltaba.

Durante la semana Santa del año 2013, al estar delante de Jesús Sacramentado, entendí lo que el Señor quería de mí, a lo que respondí: sí. Yo trabajaba ya en otro colegio y se repitió la historia que viví años atrás, me pidieron  ser el director de la escuela, quizá esto era una prueba a mi respuesta, pero sin dudar,  le dije sí al Señor…  y heme aquí… formándome para ser testigo fiel suyo.

En este caminar la presencia de mi familia, de mis amigos y la gente de la comunidad de mi parroquia de origen, así como de algunos sacerdotes, me animan a seguir cada día respondiendo al plan que  Dios,  Trino y Uno, tiene para mí. Encomiendo mi vocación a Santa María de Guadalupe para que el Señor lleve a buen término esta obra que he comenzado, configurándome con Cristo cada día de mi vida. Nunca es tarde para responder al Señor,  dejar todo por seguirlo tiene una gran recompensa. ¡Descúbrelo!

SALGADO GUTIÉRREZ, Daniel
2° de Filosofía

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