En ocasión del próximo jubileo extraordinario de la misericordia

Jubileo extraordinario de la misericordia

El Papa Francisco ha convocado este año por medio de una bula llamada “el rostro de la misericordia” (Misericordiae Vultus). A continuación se expone brevemente el contenido de esta bula.

El próximo 8 de diciembre comenzará el año jubilar de la misericordia y se extenderá hasta el 20 de noviembre de 2016, día de la solemnidad litúrgica de Cristo Rey. El inicio de este año será también el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio ecuménico Vaticano II. Se trata de un jubileo extraordinario porque no han transcurrido los 25 años desde el último jubileo del año 2000. El Papa Francisco ha convocado este año por medio de una bula llamada “el rostro de la misericordia” (Misericordiae Vultus). A continuación se expone brevemente el contenido de esta bula.  

Su Santidadha convocado este año de la misericordia como “un tiempo propicio para la Iglesia, para que se haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes”. El Papa Francisco nos recuerda que el misterio de la misericordia es fuente de alegría, de serenidad y de paz y añade que este año debe ser el inicio de una vida con actitudes de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios. Siendo la primera verdad de la Iglesia  el amor de Cristo, dice el Papa, este amor debe llegar hasta el perdón y don de sí. Este amor que perdona y se dona hace evidente la misericordia del Padre y resucita a los demás a una vida nueva y les infunde el valor para que miren el futuro con esperanza.

En este próximo año jubilar, el Papa desea que reflexionemos y hagamos vida las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales. Las obras de misericordia corporales son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y las obras de misericordia espirituales son: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia los defectos del prójimo, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.

Su Santidad nos exhorta a que el sacramento de la Reconciliación ocupe un lugar central en este año jubilar porque este sacramento nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. En este sentido nos recuerda la parábola del hijo pródigo, que bien pudiese ser llamada la parábola del Padre de la misericordia y en donde se ve cómo el padre sale al encuentro del hijo no obstante que ha dilapidado sus bienes, y también sale al encuentro del otro hijo que se quedó afuera, incapaz de alegrarse, para explicarle que su juicio severo es injusto y no tiene ningún sentido ante la misericordia del Padre que no conoce confines.

Es importante recordar la relación existente entre justicia y misericordia. El Papa nos dice que son dos dimensiones de una única realidad que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor. La misericordia no se opone a la justicia porque en la plenitud del amor a la que conduce su desarrollo, el hombre es purificado por la ternura y la pureza del Corazón del Padre celestial.

En el año de la misericordia será importante la referencia a la indulgencia. La indulgencia es una gracia especial por la que la misericordia de Dios no solo perdona los pecados sino que, a través de la Iglesia, alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad y a crecer en el amor.

Finalmente, Su Santidad hace referencia a María, la Madre de misericordia para que su mirada nos acompañe en este Año santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios.

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